En plena campaña, la cercanía política entre ambos dirigentes profundiza la desconfianza empresarial y aumenta la preocupación por el posible impacto económico de sus propuestas.

El recuerdo del gobierno de Castillo pesa fuerte en el análisis económico. Durante ese período, la incertidumbre política, los cambios constantes en el gabinete y las señales contradictorias hacia la inversión privada golpearon la confianza de los mercados y profundizaron la salida de capitales. Para analistas y empresarios, la posibilidad de un nuevo proyecto con rasgos similares vuelve a instalar dudas sobre la estabilidad del país.

En ese contexto, las propuestas del entorno de Sánchez generan alarma por su posible impacto en sectores clave como minería, energía e inversión privada. Reuters reportó que la incertidumbre política por su avance electoral ya tuvo impacto en los mercados, con debilitamiento del sol peruano y preocupación por sus planteos de revisar contratos en minería y gas. 

El empresariado teme que un eventual gobierno del candidato de izquierda repita el clima de confrontación que marcó al castillismo. La preocupación no pasa solo por los nombres propios, sino por el modelo político y económico que podría volver a instalarse en el centro del poder.

Así, mientras la campaña avanza, la relación entre ambos dirigentes deja de ser un dato político menor y se convierte en una señal de alerta para quienes advierten que Perú necesita previsibilidad, estabilidad y reglas claras para sostener la inversión y el empleo.

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